La luna es el satélite natural de la Tierra. Es el cuerpo celeste que ilumina nuestras noches, reflejando la luz del sol y permitiéndonos vernos en la oscuridad. El claro de luna (como se denomina a la luz del sol reflejada por la luna que alumbra las noches terrestres) es el aliado mudo de los amantes que se refugian en la noche para amarse y explorarse con todos los sentidos.

La luna no solo influye físicamente en la Tierra y los seres que la habitamos (un buen ejemplo son las mareas), sino que tiene un significado místico y espiritual, pero también tiene su particular influjo en las esferas políticas y geoestratégicas. No solo por los ataques y escaramuzas que se han planeado en noches de luna nueva al amparo de la más absoluta oscuridad, sino porque el influjo de la luna parece ser capaz de lograr lo imposible… Y es que después de la carrera espacial por conquistar la luna en tiempos de la guerra fría, los distintos países se han puesto de acuerdo en declarar la luna como territorio libre para la exploración de cualquier nación con fines pacíficos.

La naturaleza cíclica de la luna la han convertido en un referente para las distintas culturas y civilizaciones desde la cuna de la humanidad. La luna es cambiante, pero siempre acude fiel a su cita nocturna y su comportamiento y ciclos predecibles la han convertido en un hito en el que anclar un mundo en constante evolución. Por eso, muchas culturas siguen manteniendo hoy en día un calendario lunar y el satélite terrestre ocupa un papel fundamental en prácticamente todas las cosmologías ancestrales.

Tradicionalmente, a la luna se le atribuyen valores y roles femeninos. Fecundidad, protección y nutrición son conceptos que se han asociado a este astro en múltiples épocas y culturas. Quizás por la relación que siempre se ha establecido entre el ciclo de la luna y el ciclo menstrual femenino. Y es que el periodo que rige la fertilidad de la mujer tiene un promedio de 28 días, con un ritmo muy parecido al de las fases de la luna, por lo que muchas veces se denominan “lunas” a las menstruaciones. Allá por el siglo XIX, Charles Darwin escribía: “Dado que el ser humano desciende de los peces, el ciclo menstrual de veintiocho días podría ser el residuo de un pasado en el que la vida dependía de las mareas y, por tanto, de la luna.”

En algunas culturas se piensa que las mujeres vírgenes tienen el periodo en luna nueva, mientras que las adultas y casadas sangran durante la luna menguante. Los nativos de Papúa creen que la primera regla de la mujer se produce porque cierta noche la luna adopta la forma de hombre y la posee, por lo que la menstruación sería el resultado de la herida infligida en ese momento.

También se dice que, en ausencia de luz artificial, el ciclo menstrual de la mujer se sincroniza con las fases de la luna, produciéndose la ovulación durante la luna llena y el sangrado menstrual durante la luna nueva.

Otras tradiciones populares atribuyen a la luna el papel de comadrona en los partos, creencia que hoy en día pervive en el saber popular cuando se afirma reiteradamente que hay más partos en periodos de luna llena, aunque esta tendencia no parece tener confirmación estadística seria.

En la astrología, la luna representa a la infancia, por lo que el satélite terrestre simboliza el primer peldaño de la escalera evolutiva y el nexo de unión entre la madre (maternidad) y el hijo (nacimiento e infancia).

Fases lunares, arquetipos femeninos y menstruación

Cada fase lunar se ha asociado también con un arquetipo femenino y con un estado del ciclo menstrual de la mujer. Así, nos encontramos cuatro roles.

  1. Luna creciente: La doncella.
    Se asocia con energía, dinamismo, luz y claridad. Su color es el blanco y su estación la primavera.
    Fase preovulatoria (desde el fin del sangrado hasta el comienzo de la ovulación).
    En esta fase lunar, se define a la mujer como dinámica, radiante, confiada, firme, ambiciosa, sociable y capaz de enfrentar los desafíos, manteniendo su concentración. Por eso parece ser un momento idóneo para encarar nuevos proyectos.

  2. Luna llena: La madre.
    Símbolo de fertilidad y nutrición. Se asocia con el color rojo y con el verano.
    Ovulación.
    Expresión del amor interior y exterior, a través de una mujer protectora, que asume responsabilidades, alimenta y da sustento. En esta fase, domina la generosidad del impulso de volcarse hacia los demás.

  3. Luna Menguante: La Hechicera.
    Color Azul. Otoño.
    Fase pre-menstrual (dese la ovulación hasta la menstruación).
    Supone una vuelta hacia el interior del espíritu femenino: misterio, magia, pasión, empoderamiento, magnetismo y atracción. Aumenta la sexualidad, creatividad, intuición y ensoñación.

  4. Luna Nueva: La Bruja.
    Se asocia al color negro y al invierno.
    Menstruación.
    Representa a la mujer sabia y estable, acumula los poderes del mundo interior y retira su atención del mundo terrenal para centrarse en lo espiritual. Es una etapa de introspección que supone una ralentización en el ritmo de vida.

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Estás imágenes han sido tomadas por Laurent Laveder de Quimper, fotógrafo. Utilizando algunos detalles y su propia imaginación, este astrofotógrafo ha logrado captar instantáneas únicas de la luna con puestas en escena muy originales.

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contacto

Elena López

Asesora,

consultora y

formadora de Porteo

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