Estoy segura de que estos últimos días están marcando un cambio substancial en mi relación con mis hijos, sobre todo con Marcos.

Como te contaba el otro día, en el post Lo que tus pies cuentan, Marcos no lo está pasando bien. Y me angustia no estar a su altura ni a la de sus necesidades. Me encuentro bloqueada en muchas ocasiones, y cada vez más tengo la sensación de no estar haciendo bien mi labor de madre.

Pero el lunes me di cuenta de que debo estar pidiendo ayuda al universo (o cómo lo quieras llamar), porque casi sin darme cuenta, y sin mucha intención, estoy participando en una serie de formaciones que me están arrojando luz desde diferentes ángulos, y sentí tranquilidad respecto a mis hijos después de mucho tiempo. Yo tampoco estaba tranquila.

En fin, creo que estaba “forzando” un modelo de relación familiar, intentando que mis hijos, mi marido y yo encajáramos en unos moldes que no son los nuestros. Y al final, no estábamos disfrutando ninguno, ni consiguiendo nada bueno.

Así que, en primer lugar, aceptar mi error. Cuesta. Con todos los miembros de la familia, incluyéndome a mi misma. Y después, perdonarme. Eso va a costar más. Pero el proceso ha comenzado.

ideal

Este es el único ideal al que quiero aspirar: nosotros según Marcos

Por otro lado, he decidido ser “más egoísta”, y aprovechar todo lo que he estado haciendo “para la tienda” y usarlo para nosotros mismos (y después, para la tienda, claro). Me refiero sobre todo a La Pedagogía Blanca, en la que nos apuntamos Elo y yo, y al Curso de Lectura de Pies, que ha resultado ser una revolución (cuando se pose la experiencia, os contaré, ahora está muy reciente y revuelto todo).

El taller de Héroes también voy a usarlo en nuestro favor, con mucha más intención. Y he decidido apuntarme al curso de Pilar, “Conviviendo en Positivo“. Para tener herramientas prácticas, más allá del trabajo emocional que obviamente tengo (tenemos) que hacer.

Estuve leyendo algunas reseñas sobre su programa, en Educar con Éxito, en Educarpetas, en Criar con amor… y por supuesto en Facebook y Twitter. Era como si me estuviera buscando, llamándome, y he decidido regalármelo. Necesito salir de la rutina tóxica en la que estamos instalados, y cuando leí su presentación, fue como si me estuviera leyendo a mí misma (solo que yo tengo niños):

Cuando mi hija mayor tenía 5 años y la segunda 2 empecé a sentirme al borde del abismo. Yo, con (…) mis lecturas y mi crianza respetuosa, no era capaz de mantener la calma y relacionarme con las niñas sin entrar en una lucha de poder.

“Esta niña necesita límites” “No puedo con ella” “¿Seré buena madre?” “Estoy harta de pelear con ellas para todo”…

Decidí que había llegado el momento de cambiar, que no estaba dispuesta a perder el vínculo con ellas, a sentirme fracasada, a ir perdiéndolas poco a poco a medida que crecieran, a que me vieran como un ogro y un enemigo…

Y aquí estoy, con mi matrícula pagada deseando que empiece el curso. Y, “de mientras”, me estoy releyendo Cómo hablar para que sus hijos escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Y también de las mismas autoras, Adele Farber y Elaine Mazlish, Hermanos pero no rivales.

Tengo un nudo en el pecho, y mucha esperanza. Te seguiré contando.

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contacto

Elena López

Asesora,

consultora y

formadora de Porteo

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