Siempre recomiendo comenzar tu andadura “fularera” con un fular sencillo, de algodón, que te guste, de una talla larga y que encaje en tu presupuesto.

A veces, te pica el gusanillo y decides probar otras cosas.

Y si el gusanillo te pica… es cuestión de tiempo que llegue a tu casa un fular “tieso”, “duro”, con el que no sabes cómo vas a anudar porque se mantiene de pie.

Toca “domar” ese fular. Hacerlo suave, manejable, gustoso.

Para ello, la manera es usarlo y usarlo mucho. Todo lo que puedas y un poco más. Pero como no siempre tenemos un bebé dispuesto a ir 24 horas encima, o no pesa lo suficiente para domar el fular en cuestión, podemos hacerlo de otras maneras.

En resumen, domar un fular pasa por darle trote, por usarlo. Si no es porteando, como se te ocurra:

  • Lavado y planchado (cuidado con la composición y las recomendaciones de lavado de tu fular).
  • Sentarse encima (mi favorita es dejarlo de funda de sillón, aunque claro, en mi casa tengo dos saltimbanquis que aceleran el proceso) y, por qué no, dormir encima.
  • Tirar de él. Convertirlo en hamaca o columpio. Que los peques lo usen para jugar.
  • Anudarlo o trenzarlo.
  • etc.

En el vídeo de hoy he querido mostrarte cómo lo hago yo, espero que te resulte útil:

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¿Cuál es tu manera favorita de domar fulares?

 

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Elena López

Asesora,

consultora y

formadora de Porteo

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