Esta es una historia que me llegó hace unos días, a través de las Redes Maternales. Me pareció muy inspiradora, y pensé en una querida amiga. Ayer, esa querida amiga y comadre, me dió una noticia que me hizo recuperar de mi débil memoria de embarazada esta historia. Y me apetece compartirla, con ella, con vosotros y con todos los que hayan sufrido una pérdida. Nohemí, un abrazote.

La historia la ha publicado una mamá en el foro de El Parto es Nuestro. No sé quién es, ya que no participo en ese foro y el relato me ha llegado vía mail. Pero desde aquí le doy las gracias, por compartir y por la traducción.

¡Disfrutadla!

Hola a todas!

Me ha llegado esta historia a traves de un foro internacional en el que también participo. Esta extraído de un libro que se llama The Baby Catcher y la historia original se llama The Spirit Baby. Me ha parecido tan preciosa que me veo en la obligación de compartirla, esta en ingles, he hecho una traducción rápida, no muy buena, por la falta de tiempo y mi cerebro preñado, jeje, pero es que desde que la leí ayer se me ha metido en la cabeza.

El año pasado en un muy muy mal momento personal, tuve relaciones sin protección en mi ovulacion, se nos fue la olla y creo que me quede embarazada, nunca lo sabré, pero una vez que he sabido lo que es estar embarazada de verdad, creo que me quedan muy pocas dudas. Ese embarazo, si es que existió, no salió adelante, me aterraba estar embarazada, era un mal momento, con mi padre enfermo, o al menos yo lo sentía asi, con 26 años no me veía con instinto maternal y quería hacer muchas cosas antes de tener niños, suplicaba cada día que no me hubiera quedado embarazada y cuando después de varias semanas de incertidumbre (mas de tres de retraso) me bajo la regla, el primer segundo fue de alivio pero el resto de los segundos de desesperación y de culpa, me sentia tan mal por no haber querido a ese bebe… Tras meses de periodos irregulares, cuando yo era un reloj, acepté que las cosas son por un motivo, que algún día lo sabría y que no podía culparme más.

En cuanto decidimos que si era el momento me quede embarazada, pero siempre he tenido aquella espinita clavada, de aquel bebe que no dejé que existiera….hasta ayer. Espero de corazón que a alguien le sirva esta historia igual que me ha servido a mí.

Primero pongo la traducción y luego la historia original para quien entienda inglés:

El Bebe Espiritu

vía Wikimedia Commons

Return of Spring , William-Adolphe Bouguereau

Colin, mi hijo de 12 años me encontró una tarde lluviosa sentada a la mesa de la cocina llorando a moco tendido, intenté recomponerme para él. Era el 3 de enero, dos meses después de haber tenido un aborto, pero todavía era imposible para mi seguir adelante sin al menos una recaída diaria.

Aturdidos cuando vimos el test positivo, Rog y yo nos miramos con duda y ambivalencia. Con 41 años, mi vida profesional me consumía, había logrado lo que otros predecían imposible. Me habían concedido “privilegios de parto” en Alta Bates y como consecuencia mi practica como comadrona había florecido. Algunos meses traía al mundo doce bebés y nadie sabía nunca cuándo y cómo iba a estar en casa. Rog, también se encontraba al límite, mantenía su negocio a flote mientras suplía mi falta de tiempo en casa. Colin y Jill se aproximaban a sus desafiantes años adolescentes. ¿Cómo podíamos encajar un bebe en nuestras vidas? Sin embargo, cuando perdí al bebe y toda esperanza de solución se disolvía con mis lagrimas, me enamoré de aquel bebé que ya no iba a existir.

Colin me pregunto “¿Estás llorando por el bebé?” y cuando afirmé llorosamente que sí, me dijo “Bueno, entonces tienes que tener otro, Mama, porque es un bebe espíritu y tú tienes que ser su madre”. Debí parecer perpleja porque me dijo, “¿no conoces nada sobre los bebé espíritu? Cómo puedo yo saber sobre ellos y tú no, quiero decir, eres mi madre!” Pero seguía percibiendo mi confusión.

Así que mi primogénito, este niño que aún no es adolescente, arrastró una silla de madera junto a mí, puso su bracito sobre mis hombros y me dijo “Verás Mama, así es como sucede: Yo mismo fuí un bebé espíritu, así que así debe ser como lo sé. En cualquier caso, cada mujer tiene un círculo de bebés que gira sobre su cabeza, son los posibles bebés que puede tener en toda su vida. Cada mes, uno de esos bebes esta el primero de la fila. Si se queda embarazada, ese es el bebe que nacerá. Si no se queda embarazada, el bebé vuelve al circulo y continua girando con el resto de los bebés. Pero, si se queda embarazada, pero algo malo pasa antes de que nazca el bebe, escucha mamá, porque es la parte verdaderamente guay. El bebé vuelve al círculo, pero se convierte en un bebé espíritu y el resto de los bebés le dan prioridad. Cada mes, ¡él es el primero de la fila! ¿No es fantástico? Así que sólo tienes que quedarte embarazada de nuevo y entonces tendrás el mismo Bebé Espíritu. Si no lo haces, entonces el círculo de los bebés simplemente lo enviaran al círculo de otra mujer, y será el primero de la fila para ella. Permanecerá siendo el primero hasta que finalmente nazca. Así que sería una pena que no lo tuvieras tú misma, porque sé cuánto lo quieres. Así que tienes que intentarlo de nuevo Mamá, ¿te acuerdas de aquel bebé que perdiste antes de yo naciera?” -­ Afirmé sin poder articular palabra- “Bueno pues ¡era yo! De verdad, siempre he sabido que era un Bebe Espíritu, quiero decir, sé de lo que estoy hablando Mamá”

A pesar de la certeza de Colin de que un bebé en nuestro hogar haría las cosas perfectas, Rog y yo no estábamos de acuerdo. Pero Colin no sólo no lo dejó estar sino que unió a su hermana la causa. Una noche íbamos en el coche y mire a mi hijo en su asiento trasero detrás de mí. Miraba a través de la ventana intentando ocultar sus lágrimas, pero ví el rubor de su cara, el temblor de sus hombros y un movimiento furtivo sobre su mejilla para eliminar una lagrima. Habían pasado seis meses desde el aborto y acaba de terminar otra charla discusión en la que le decía a mi hijo que tener un bebe a mi edad estaba fuera de toda discusión “Colin no entiendo tu pasión para tener otro bebé. ¿Por qué quieres tenerlo tanto?” Apartó su mirada de las lejanas colinas y me miró con sus ojos lagrimosos y labios temblorosos. Con voz entrecortada, puso toda la pasión de un niño de 12 años en su respuesta “Oh Mama, sólo por la alegría que traerá”- Jill se unió a nosotros “Sí, mamá, sólo por la alegría que traerá”. Fué mi turno de mirar por la ventana y enfrentarme a mi visión borrosa.

Así que, en el momento en el que muchas mujeres ven el nido vacío al final de la rama de su árbol familiar con algo de alivio, yo estaba considerando poner un nuevo huevo.

Varios meses de conversación fueron salpicadas de dudas, a las que siguió la incredulidad. Aunque Rog y yo tomamos la decisión final, no hay ninguna duda de que nuestra decisión fue claramente influenciada por la insistencia de nuestros hijos adolescentes sobre que “necesitábamos un bebé en casa”. Rog y yo respiramos profundamente, nos miramos a través de las rubias cabezas de estos dos sabios niños, tragamos y dimos un salto gigante de fe.

Concebí a mi Bebe Espíritu una semana después. Solo por la alegría que traerá.

Spirit Baby

Colin, my twelve-year-old son, discovered me late one rainy afternoon sitting at the kitchen table, a damp Kleenex crumpled in my left hand, wiping my eyes as I tried to compose myself for his sake. It was the third week of January, two months after I’d miscarried a pregnancy, but I still found it impossible to get through a day without at least one meltdown into misery.

Stunned w hen the test came back positive, Rog and I had stared at each other with doubt and ambivalence. At forty-one, my professional life consumed me. I’d just achieved what some had predicted was an impossibility: I’d been granted delivery privileges at Alta Bates, and as a consequence, my midwifery practice burgeoned. Some months I delivered twelve babies, and no one ever knew if or when I’d be home. Rog, too, felt stretched to his limits, keeping his business afloat while picking up the slack for my frequent unscheduled absences. Colin and Jill approached their challenging adolescent years. How could we fit an infant into our lives? But when I lost the pregnancy and all hope for resolution dissolved with my tears, I fell in love with the baby that was not to be.

Colin asked, “Are you crying about the baby?” and when I nodded tearfully, he said, “Well, you just have to have another one, Mom, because it’s a Spirit Baby, and you should be its mother.” I must have looked puzzled because he said, “Don’t you know about Spirit Babies? How could I know about them if you don’t? I mean, you’re my mom!” But he could see my perplexity.

So my first child, this not-yet-teen-aged boy, pulled a wooden chair to my side and draped his thin arm across my shoulders, saying, “Well, Mom, here’s how it is. See, I was one myself, so that must be how I know. Anyway, every woman has a circle of babies that goes around and around above her head, and those are all the possible babies she could have in her whole life. Every month, one of those babies is first in line. If she gets pregnant, then that’s the baby that’s born. If she doesn’t get pregnant, the baby goes back into the circle and keeps going around with all the others. If she gets pregnant but something bad happens before the baby’s bornŠnow listen, Mom, because here’s the really cool part. It goes back into the circle, but it becomes a Spirit Baby, and all the other babies give it cuts. Each month, it’s always first in line. Isn’t that great? “So you just have to get pregnant again, and you’ll have the same Spirit Baby. If you don’t, though, then the baby circle will just beam that little Spirit Baby over to some other woman’s circle, and it’ll be first in line for her. It keeps being first in line somewhere until it finally gets born. “But it’d be a shame for you not to have it yourself, because I know how much you want it. So you just have to try again. Mom, remember that baby you lost before I was born?” I nodded wordlessly. “Well, that was me. Really. I’ve always known I was a Spirit Baby. I mean, I know what I’m talking about here, Mom.”

In spite of Colin’s certainty that our household, so often bordering on chaos, lacked only an infant to make things perfect, Rog and I demurred. But Colin didn’t give up and even enlisted his sister’s support. Driving with them in the car one evening, I looked at my son in the passenger seat beside me. He stared out the side window and tried to hide his tears, but I saw the flush on his face, the shaking of his shoulders, and the surreptitious swipe of hand across cheek. Six months had passed since my miscarriage, and I had just finished yet another discussion in which I’d told my pleading son that having a third baby at my age was out of the question. I reached over the space between us and squeezed his fingers. “Colin, I don’t understand this passion you have for a baby. Why do you want one so much?” He tore his gaze from the distant hills and looked at me with swimming eyes and trembling lips. In a choking voice, he put all of his twelve-year-old passion into his reply. “Oh, Mom! Oh. Just for the joy of it!” Jill stretched forward from the back seat and placed a hand on each of our shoulders. “Yeah, Mom, just for the joy of it.” It was my turn to look out the side window and struggle with misty vision.

So, at a time when most women eye the empty nest at the end of their branch on the family tree with something approaching relief, I gave consideration to laying just one more egg. Several months of discussions peppered with doubt and disbelief followed. Although Rog and I made the final decision, there’s no denying that a big part of our decision to have a third child began with the insistence of our adolescent children that we “needed a baby in the house.” Rog and I took a deep breath, looked at each other across the blond heads of those two wishful children, swallowed ­ and made a giant leap of faith.

I conceived my Spirit Baby a week later. Just for the joy of it.”

~End of Story~

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contacto

Elena López

Asesora,

consultora y

formadora de Porteo

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